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Vigorexia: reconocer el trastorno y valorar la belleza interior

En una sociedad obsesionada con la imagen corporal, es común normalizar conductas desadaptativas que vinculan nuestra autoestima exclusivamente a la apariencia física. Cuando esta no cumple con los ideales impuestos, la autoestima se resiente fácilmente.

Esto puede derivar en gastos excesivos en ropa, cosméticos o estética, dependencia de la validación externa o incluso relaciones tóxicas. En casos graves, surgen trastornos como la anorexia, bulimia o vigorexia.

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Una percepción distorsionada del propio cuerpo

Como psicólogos especializados en salud mental y deporte, definimos la vigorexia como un trastorno caracterizado por un ejercicio físico excesivamente intenso, a menudo combinado con suplementos o anabolizantes, y una imagen corporal distorsionada.

Los afectados se ven más delgados o débiles de lo que son —lo opuesto a la anorexia—, lo que genera una insatisfacción perpetua. Esto perpetúa conductas desadaptativas, como entrenamientos interminables, y deja secuelas físicas (alteraciones en el crecimiento) y psicológicas (dificultad para practicar deporte de forma saludable).

Estas rutinas son similares a las de cualquier atleta, pero extremas. ¿Cómo distinguir la vigorexia de un entrenamiento riguroso?

¿Cómo diferenciarla de la exigencia deportiva?

Un trastorno se diagnostica cuando las conductas causan un deterioro significativo en la vida diaria: menos tiempo para estudios o trabajo, relaciones sociales afectadas, sueño insuficiente o riesgos para la salud por entrenamientos inadecuados o sustancias.

La presión social y los refuerzos del deporte la convierten en adictiva; muchos no reconocen el problema o lo justifican por sus metas.

Por eso, desde nuestra experiencia clínica, insistimos en detectar síntomas tempranos. La motivación del paciente es clave en cualquier terapia.

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Tratamiento psicológico efectivo

El cambio requiere voluntad y un entrenamiento sistemático en técnicas psicológicas probadas. Primero, corregimos la imagen distorsionada mediante reestructuración cognitiva: desafiamos creencias irracionales como "soy un enclenque" con datos reales (kg de músculo, índice de masa grasa, comparaciones objetivas).

Segundo, modificamos patrones desadaptativos estableciendo objetivos cortoplacistas para mantener la motivación ("he entrenado menos y me siento bien"), gestionando refuerzos y castigos.

Lo esencial: fomentar un pensamiento crítico ante el bombardeo mediático. La verdadera belleza, como bien sabemos, reside en el interior.