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Apapachar: el arte ancestral de abrazar con el alma

Hace unas décadas, el psicoanalista Carl Gustav Jung, quien integraba espiritualidad en su obra, reflexionaba sobre el alma como elemento esencial en la psique humana.

Desde su muerte, el concepto de alma ha sido relegado por gran parte de psicólogos y psicoanalistas, considerados innecesarios para estudiar la mente. Sin embargo, más allá de la psicología académica, tradiciones culturales profundas, ligadas a la espiritualidad, ofrecen valiosas perspectivas sobre relaciones humanas, afecto y bienestar emocional.

En Latinoamérica, una palabra ancestral de origen amerindio captura esta esencia: apapachar, que se traduce como "abrazar con el alma".

Un apapacho trasciende el simple abrazo

Originaria del náhuatl, lengua milenaria, "apapachar" evolucionó de "papatzoa". Hoy, en países como México y Colombia, significa "dar cariño", pero adquiere una dimensión espiritual profunda.

Así, un apapacho puede ser un abrazo o cualquier gesto donde un alma se revela ante otra para ofrecer apoyo íntimo y no sexual. Representa acariciar con el espíritu, un amor que supera barreras físicas o convenciones sociales.

Antes de la cultura de la imagen dominante, Latinoamérica ya valoraba expresiones afectivas libres de normas rígidas. Apapachar encarna un intercambio auténtico, más allá de etiquetas.

Apapachar: el arte ancestral de abrazar con el alma

Todo comienza con las caricias

Curiosamente, su origen remite a "amasar con cariño", un acto físico. De ahí surgió la caricia espiritual: subjetiva, íntima. No es coincidencia; refleja nuestra herencia evolutiva.

En primates cercanos, el afecto se transmite por tacto: caricias, abrazos. Raramente se miran a los ojos, incluso madres e hijos. Es probable que el lenguaje afectivo humano ancestral fuera el abrazo, beso y caricia durante milenios.

Más allá de gestos, expresan vulnerabilidad auténtica, permitiendo conexiones sin juicios. Apapachar nos invita a liberarnos de inseguridades, priorizar relaciones genuinas y disfrutar el cariño sin distracciones cotidianas.

Apapachar como principio vital

No es un descubrimiento científico nuevo; precede a psicología y neurociencias. Su valor radica en su atemporalidad, como el Ho'oponopono: no hay excusas para no abrirnos emocionalmente a quienes amamos.

En un mundo complejo, apapachar es transgresor por su simplicidad honesta. Celebrado por quienes valoran la naturalidad sobre lo artificioso. ¡Larga vida a los apapachos!