La sociedad nos ha vendido la idea errónea de que podemos ser felices las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Y no solo eso: se nos dice que tenemos el control total, basta con aprender a serlo.
Prueba con una búsqueda rápida en Google: "cómo ser feliz". Hallarás miles de vídeos, artículos e incluso libros que prometen lograrlo en 10 (o 5, 7, 35...) pasos sencillos, hábitos o secretos.
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La realidad inescapable
Como psicólogo con años de experiencia clínica, sé que todos anhelamos la felicidad constante. Pero lamento decirte que no es posible. La felicidad es una emoción, y por tanto, transitoria. Puedes experimentarla en momentos puntuales, pero inevitablemente dará paso a otras emociones. Y eso es algo positivo.
Estos mensajes que atribuyen la felicidad solo a tu control son culpabilizadores: si estás triste, es porque no has aprendido o porque lo eliges. Esto genera un ciclo donde la culpa por no ser feliz se transforma en motivación para buscar más 'soluciones', alimentado por el miedo al dolor y el deseo de placer.
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La felicidad como emoción transitoria
Las emociones son reacciones psicofisiológicas: respuestas rápidas de mente y cuerpo ante situaciones internas o externas. Son nuestra valoración instintiva, aunque no siempre precisa, del entorno.
Siendo la felicidad una emoción, depende de la situación percibida y, por ende, es efímera. Nadie puede (ni debe) reinterpretar cada evento para mantenerla perpetuamente. Imagina sentir felicidad en un tanatorio por la pérdida de un ser querido, o en una relación tóxica de maltrato físico y psíquico. Reinterpretar así sería contraproducente y peligroso.
Estos enfoques no solo culpabilizan, sino que pueden ser riesgosos para la salud mental.
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No existen emociones 'negativas'
Deja de etiquetar emociones como positivas o negativas. Son agradables o desagradables, y adaptativas o desadaptativas según el contexto.
Al igual que un niño rechaza las verduras por su sabor y textura desagradables —aunque sean saludables—, debes aceptar emociones incómodas para procesarlas, expresarlas y cuestionarlas.
La pregunta ya no es "¿Cómo ser feliz?". Ahora es: "¿Esta emoción me resulta útil?".
Si sí, vívela plenamente. Si no, analízala y trabaja para que no domine futuras situaciones similares.
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Para reflexionar
Si tuvieras que definir "felicidad" o nombrar qué te la provoca, ¿qué dirías?
¿Pensaste en acciones o situaciones específicas?
Imagina repetirlas eternamente: ¿seguirían haciéndote feliz? ¿O es su escasez —en frecuencia o duración— lo que las hace tan placenteras al contrastar con momentos menos felices?
Quizás la tristeza permite apreciar la felicidad, como el miedo resalta el valor.
Finalmente, sé selectivo con la información que consumes y sus fuentes. Tu atención es un recurso valioso, similar a cualquier sustancia adictiva.
Consejos para ser más feliz
Será tentador que te dé tips mágicos ahora, ¿verdad?
Aquí va uno esencial:
- Consulta a un psicólogo.