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Transforma tu mente para cambiar tu vida: Guía experta en gestión emocional

Como terapeuta, escucho a menudo frases como: «Mi mente me agota» o «Ojalá pudiera apagarla». Nuestros pensamientos determinan cómo nos sentimos, por lo que dominarlos es clave para una vida plena.

Existen dos tipos de emociones: las de supervivencia y las creativas. Las de supervivencia incluyen tristeza, miedo, enfado y alegría. En la sociedad actual, añadiría la ansiedad como emoción fundamental. Las creativas, en cambio, generan bienestar y satisfacción: amor, generosidad, sorpresa, creatividad, entusiasmo, ilusión y curiosidad.

Para fomentar las emociones creativas y cultivar el bienestar, primero debemos liberar las de supervivencia. ¿Cómo lograrlo?

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Las emociones de supervivencia

Detectar si estamos en modo supervivencia es el primer paso. Nos damos cuenta cuando estamos hiperalerta al entorno, el tiempo o nuestro cuerpo. Con el entorno: «¿Por qué me ha dicho esto esa persona?», «Mi jefe no debería actuar así» o «No tendrían que pasar estas cosas en el mundo».

La hipervigilancia corporal se manifiesta en una atención excesiva al aspecto físico, síntomas o cambios mínimos que interpretamos como problemas graves.

Finalmente, nos obsesionamos con el tiempo: «Me quedan cinco horas», «Qué aburrimiento, ¿qué hago el resto del día?» o «No llego a tiempo».

Estas emociones son útiles a corto plazo, pero si se cronifican, generan trastornos: tristeza crónica lleva a depresión; ansiedad crónica, a ataques de pánico, agorafobia o TAG; miedo crónico, a fobias; enfado crónico, a conductas antisociales.

Para manejarlas, distingue estos conceptos clave:

1. Estado de ánimo

Emoción transitoria, como «Hoy me sentí triste». Puede durar horas, días o una semana.

2. Temperamento

Emoción persistente durante meses, como el temperamento melancólico, que se centra en lo negativo y predomina la tristeza.

3. Rasgo de personalidad

Emoción definitoria durante años, como «Esa persona es triste».

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¿Qué hacer para liberarlas?

Evita cronificarlas. Si no puedes solo, busca ayuda psicológica profesional.

La tristeza indica pérdida (ser querido, relación, aspecto personal o situación vital). El cuerpo se apaga: apático, sin energía. Libérala llorando si surge, con introspección o sintiéndote cuidado. Puede requerir un cambio vital.

La ansiedad activa el alerta: preocupación por «¿Y si...?», liberando cortisol. Contrólala enfocándote en la respiración profunda para volver al presente. Corta pensamientos negativos sin juzgarlos ni debatirlos.

Con el enfado, siéntelo físicamente pero no reacciones de inmediato. Espera 30 minutos o aléjate hasta calmarte. Luego, comunica asertivamente o establece límites sin herir.

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¿Por qué liberarlas?

Los pensamientos crean sinapsis neuronales y liberan neurotransmisores (serotonina, endorfinas, dopamina, norepinefrina). La emoción es energía corporal. Cortisol puntual es adaptativo (ej. peligro real), pero prolongado somatiza y bloquea crecimiento (ej. miedo escénico).

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Las emociones creativas

Una vez liberadas las de supervivencia, activa las creativas con el lóbulo frontal: el «jefe del cerebro», sede de la inteligencia ejecutiva. Desarrolla autocontrol, decisiones, concentración, objetivos, identidad y visión a largo plazo.

Construye la vida deseada: el cerebro vive en presente y toma pensamientos como reales. Enfócate en lo que quieres, no en evitar lo negativo.

Habla al cerebro en positivo: Para ser sereno, observa qué te da paz y modelo conductas serenas, no «No quiero ser nervioso».

Las emociones de supervivencia protegen; las creativas elevan autoestima y autorrealización.