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Responsabilidad para poder cambiar

Hacerse o ser responsable de nuestras acciones es uno de los primeros escalones en el proceso de cambio. Una persona difícilmente podrá avanzar en la mejora o solución de algunos de sus problemas sin tener clara su responsabilidad, sin asumir su capacidad de responder sobre lo que hace, siente e incluso piensa.

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La importancia de la responsabilidad en el desarrollo personal

Las personas tenemos una gran capacidad de cambio y de adaptación hacia nuevas formas de pensar, sentir y actuar, y buena prueba de ello son las variaciones en éstos aspectos que se han producido a lo largo de la vida de cada uno.

Sin embargo, si no asumimos la responsabilidad de nuestros actos y recurrimos o bien a “echar balones fuera” o bien al socorrido “yo soy así”, que limitan el recorrido hacia el cambio, el progreso o una modificación de hábitos se tornan muy complicados.

También en el nivel personal, desde niños hasta que somos ancianos, se producen cambios sustanciales que van en paralelo a la conciencia de que podemos actuar e influir sobre las cosas, las situaciones y nuestra propia forma de desempeñarse.

Es curioso observar cómo cambia la percepción de los niños sobre las cosas; inicialmente, los eventos ocurren sin más, y poco a poco el niño se va dando cuenta de que él hace que ocurran, él es responsable de tirar un vaso, de que le traigan la comida, de demandar atención, de hacer que funcione un juguete etc.

A medida que tiene más experiencias con las personas y el ambiente va aumentando su capacidad de hacer y de elegir lo que hace. No es por ello extraño que con frecuencia se equipare la inmadurez con la falta de responsabilidad.

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La liberta para elegir

La responsabilidad tiene un prerrequisito o antecedente fundamental y pocas veces subrayado. La libertad de elección.

La idea puede resumirse en: soy responsable de lo que elijo porque podría haber elegido otra cosa; el verbo elegir implica responsabilidad y no puedo dejar de ser responsable de mi propia vida y de la mayor parte de cosas que hago para construirla".

Responsabilidad no es obligación, es responder por lo que uno hizo. Que otro me haya indicado, sugerido e incluso ordenado no elimina mi libertad de elegir y de decidir. La libertad de elegir es vivida como algo agradable y placentero pero puedo llegar a sentirme culpable por lo que elegí y puede pesarme tener que responder ante esa elección puesto que la mayor parte de elecciones tienen consecuencias; negativas, positivas o ambos tipos. La responsabilidad no niega la influencia de diferentes factores o variables en nuestro comportamiento, lo que subraya es la capacidad, en ocasiones con necesidad de un gran esfuerzo, de elegir a pesar de esos factores.

Querer o pretender que alguien se haga cargo de nuestras elecciones es querer seguir viviendo como un niño para que otros elijan por nosotros. Sin embargo, no podemos escapar de la idea de que somos libres y por tanto responsables de todo lo que hacemos.

No importa que le echemos la culpa a las leyes, al medio, al entorno, a la educación, a lo que nos mandan o nos influyen. Elegimos en cada momento de nuestro actuar aunque algunas elecciones sean tan rápidas y tan automáticas como los comportamientos que realizamos cuando conducimos o nos sentimos alegres ante un encuentro agradable con un familiar o amigo.

Las autolimitaciones son elecciones. Somos autónomos y nos fijamos nuestras propias normas. Puedo cambiar de elección por que soy libre. Hay elecciones que abren y otras que cierran; puedo elegir cambiar lo que no me gusta, puedo elegir permanecer en un hábito que me hace daño, puedo elegir comportarme como víctima, puedo cambiar mi forma de relacionarme con los demás.

Ser libre es elegir hacer sólo estando limitado por mi capacidad y condición física. Todo lo demás depende de mi elección.

Conclusión

La responsabilidad es la parte más importante de tu compromiso con un futuro sin comportamientos inadaptativos. Implica levantarse, reconocer lo que hemos hecho o dejado de hacer, aceptar tus fortalezas y limitaciones, y moverse hacia delante. No tiene nada que ver con la culpa sino con la aceptación y el crecimiento personal.

Si te atreves a responsabilizarte y a cambiar ciertos comportamientos y creencias, quizá sea un buen momento para iniciar terapia psicológica, pero, recuerda, la responsabilidad no implica culpabilidad. La culpa nos ancla en el pasado, nos fustigamos con algo que se ha hecho y esto nos paraliza, es decir, es inútil y limitante; sin embargo, la responsabilidad hace que asumamos nuestros actos y , en cuanto a lo que nos ocurre, asumir la parte que depende de nosotros, un factor esencial para el éxito de la terapia psicológica.

Autora: Marta Marín, psicóloga en Mariva Psicólogos