Gestionar un grupo es siempre un desafío, que se complica aún más con niños y adolescentes. En el fútbol y otros deportes, los entrenadores suelen recurrir al grito para transmitir instrucciones, corregir errores o motivar. Pero, ¿es gritar a equipos de futbolistas en formación motivador, ético y efectivo? Como expertos en psicología deportiva, analizamos esta práctica común con base en evidencia científica.
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La cultura del grito en el fútbol
En el fútbol existe una "cultura del grito", donde muchos jugadores demandan ese estilo del entrenador para mantenerse concentrados o motivados. Sin embargo, biológicamente, los gritos no motivan; al contrario, generan estrés. Cualquier vínculo con la motivación es aprendido, no innato.
Esta dinámica no afecta igual a todos: hay diferencias individuales, especialmente entre niños introvertidos y extrovertidos, definidas por su activación fisiológica base.
Los extrovertidos, con baja activación basal, buscan alta estimulación sensorial: riesgos, novedades, música alta o conflictos. En cambio, los introvertidos, con alta activación, prefieren entornos controlados y predecibles, evitando el estrés.
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Las diferencias entre introversión y extraversión
Estos ejemplos simplifican conceptos complejos; la personalidad integra múltiples factores. En deportistas jóvenes, el fútbol atrae más a extrovertidos, pero en categorías base (desde chupetines a juveniles) hay mayor diversidad, con predominio extrovertido en edades avanzadas.
Los jóvenes eligen actividades que encajan con su perfil, revelando su "fenotipo" introvertido o extrovertido. En general, los introvertidos destacados son minoría en juveniles, aunque la élite cuenta con Zidane, Messi o Iniesta, perfiles introvertidos excepcionales.
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No poner trabas al talento
Los introvertidos talentosos podrían destacar tempranamente, recibiendo menos gritos y manteniendo su motivación. De lo contrario, ¿estamos seleccionando solo extrovertidos con el argumento de "si no soporta gritos, no vale"? ¿Perdemos talentos introvertidos y sus beneficios físicos, mentales y sociales?
La ciencia aún debate el efecto motivador de los gritos, pero conocemos técnicas comunicativas adaptadas a perfiles individuales, clave para una gestión efectiva de grupos.