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Combate el sedentarismo: 6 beneficios científicos del ejercicio físico

El primer cambio significativo en los hábitos de vida humanos ocurrió tras la Revolución Industrial, y el segundo lo estamos viviendo ahora con la Revolución Tecnológica. Antes de la era industrial, la alimentación dependía de la estacionalidad y requería esfuerzo físico para obtener los alimentos.

Con la llegada de las grandes fábricas, las máquinas refinaron los cereales eliminando el salvado y la fibra, acelerando la absorción de glucosa. Esto generó una abundancia de alimentos ricos en hidratos de carbono de alto índice glucémico, que se asimilan rápidamente e invadieron nuestras dietas.

Hoy, la Revolución Tecnológica agrava esta tendencia al ofrecer alimentos ultraprocesados de alta palatabilidad, con colores atractivos y texturas crujientes, ricos en carbohidratos rápidos y grasas: pastelería, bollería, chucherías. Combinado con el sedentarismo, esto ha impulsado la insulinorresistencia en las últimas décadas.

En países industrializados, consumimos exceso de energía en forma de hidratos rápidos y grasas saturadas. ¿Nos estamos domesticando a nosotros mismos?

Un cerebro adaptado al hambre

Aunque intentamos evitar alimentos calóricos, resistirnos es difícil. Los ricos en lípidos son más sabrosos, y nuestro sistema nervioso los prefiere.

Históricamente, predominaron periodos de escasez, por lo que nuestro cerebro evolucionó para favorecer alimentos que acumulan grasas como reserva energética. Hoy, esta preferencia choca con la falta de ejercicio diario, fomentando el sobrepeso.

En personas con genotipo ahorrador de energía, esto provoca hiperinsulinemia crónica y enfermedades. Estudios recientes vinculan el sedentarismo a la aparición y gravedad de patologías crónicas como hipertensión, diabetes y obesidad.

Luchando contra el sedentarismo

La Comisión Europea, en su Libro Blanco sobre el Deporte, admite insuficiente progreso contra el sedentarismo. La Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria lo considera el factor de riesgo más prevalente, superando al tabaquismo o alcohol, ya que solo el 12% de la población practica ejercicio adecuadamente.

Practicar deporte regularmente ofrece múltiples beneficios probados, como los siguientes.

1. Supone un ahorro económico

Un estudio argentino de la Secretaría de Turismo y Deporte y el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) reveló que el sedentarismo genera altos costes sanitarios: hasta el 20% del presupuesto en salud se ahorraría promoviendo actividad física.

2. Beneficios psicológicos

Mayor actividad física se asocia a menos síntomas de depresión, ansiedad y tensión. El deporte integra intervenciones psicológicas habituales, fomenta autoestima sólida, autoimagen positiva y mejor calidad de vida en niños y adultos, combinando ejercicio con aspectos socioculturales.

3. Mejora el sueño profundo

Un sueño reparador rejuvenece, y el ejercicio lo potencia. Estudios confirman que la actividad regular facilita conciliar el sueño y profundiza fases REM. Al menos 150 minutos semanales mejoran su calidad.

4. Potencia procesos cognitivos

La actividad física es clave en la cognición. Investigaciones de la Universidad de Illinois hallaron que mayor ejercicio aeróbico reduce degeneración neuronal. En ancianos activos, habilidades cognitivas son superiores.

En un estudio de 1999, sedentarios de 60 años mejoraron mentalmente con caminatas de 45 minutos, tres veces por semana. Niños activos superan cognitivamente a sedentarios.

5. Mejora el desarrollo cerebral

Múltiples estudios destacan el ejercicio en el cerebro. Chaddock et al. (2010) mostraron que niños en buena forma física tienen mayor volumen hipocampal, esencial para aprendizaje y memoria.

Thayer (1994) demostró en ratones que el ejercicio eleva BDNF, protegiendo neuronas y previniendo isquemias. El músculo libera IGF-1, que estimula BDNF. Así, el ejercicio preserva funciones cognitivas y sensoriales, previniendo Alzheimer, Parkinson y otras.

6. Retrasa el envejecimiento celular

Los telómeros, en extremos cromosómicos, se acortan con la edad; largos se ligan a longevidad. Científicos de la Universidad de California probaron que hábitos saludables, como ejercicio, alargan telómeros, reduciendo achaques etarios.

Conclusión

Para ahorrar en fármacos, fortalecer autoestima, dormir mejor, agilizar el cerebro y vivir más, incorpora ejercicio. ¿Cuánto? La OMS recomienda 150 minutos semanales de aeróbico moderado (o 75 vigoroso), hasta 300 combinado con fortalecimiento muscular, para 18-64 años.

Referencias bibliográficas:

  • Chaddock, L., Erickson, K. I., Prakash, R. S., Kim, J. S., Voss, M. W. y VanPatter. M., (2010). A neuroimaging investigation of the association between aerobic fitness, hipocampal volume and memory performance in preadolescent children. Brain Research, 1358, 172-183.
  • Duperly, J. (2005). Active lifestyle in metabolic síndrome. Bogotá, D.C.
  • Matsudo, S.M. Actividad física: pasaporte para la salud. Rev. Clin. Condes – 2012.
  • Ramirez, W, Vinaccia, S y Ramón Suarez, G. El impacto de la actividad física y el deporte sobre la salud, la cognición, la socialización y el rendimiento académico: una revisión teórica. Revista de estudios sociales, no.18, agosto 2004, 67-75.
  • Ströhle, A. Physical activivty, exercise, depression and anxiety disorders. J Neural Transm (2009) 116:777–784
  • Suay, F. (2012). Per què som tan sedentaris?