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El experimento del pequeño Albert: historia, método y controversia ética en psicología

La historia de la psicología está marcada por experimentos pioneros que ampliaron el conocimiento científico, pero que también suscitaron serias dudas éticas. Clásicos como la prisión de Stanford, el estudio de obediencia de Milgram o los trabajos de Harlow con primates impulsaron reformas en los códigos éticos de la investigación psicológica.

Entre ellos, el experimento del pequeño Albert destaca como uno de los más controvertidos. Realizado con un bebé vulnerable, este estudio buscó inducir fobias mediante condicionamiento, generando un debate perdurable sobre los límites de la ciencia. Exploremos su contexto, desarrollo y legado con base en fuentes históricas y análisis rigurosos.

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¿Qué fue el experimento del pequeño Albert?

John B. Watson, padre del conductismo, junto a su colaboradora Rosalie Rayner, llevaron a cabo en 1920 este emblemático estudio en la Universidad Johns Hopkins. Inspirados en los trabajos de Ivan Pavlov —premio Nobel de Fisiología en 1904 por sus investigaciones digestivas—, Watson buscaba aplicar el condicionamiento clásico a emociones humanas.

Pavlov demostró en perros que un estímulo neutro (como una campana) podía elicitar salivación al asociarse con comida. Watson extrapoló esto radicalmente: el comportamiento humano, incluida la emoción, se forja exclusivamente por asociaciones aprendidas, no por instintos innatos. Rechazaba la introspección y postulaba la mente como tábula rasa.

Para validar su teoría, necesitaba un sujeto "puro", sin experiencias previas: un bebé sano.

La búsqueda del sujeto ideal

En el orfanato Harriet Lane Home de Johns Hopkins, Watson y Rayner seleccionaron a Albert B., un bebé de 8 meses y 26 días hijo de una nodriza. El niño mostraba escasa reactividad emocional, ideal para Watson, quien limitaba las emociones infantiles a miedo (ruidos fuertes), amor (caricias) y cólera (restricción motora).

El protocolo preveía: 1) Condicionar miedo a un estímulo neutro (rata blanca) pareando con ruido aversivo (golpe a una barra metálica); 2) Generalizar el miedo a estímulos similares; 3) Extinguir la respuesta. Tristemente, la fase final nunca se ejecutó.

Inicio del condicionamiento

Pruebas iniciales confirmaron que Albert no temía rata, conejo, perro ni fuego, pero lloraba ante ruidos bruscos. En sesiones subsiguientes, se presentó la rata seguida de ruido: Albert asoció rápidamente el animal con miedo, llorando y evitando contacto.

Tras una pausa por consideración al niño, se consolidó el condicionamiento: en el octavo ensayo, la mera rata bastó para provocar terror.

Generalización del miedo

A los 11 meses y 1 año, se probaron estímulos similares: conejo, perro, abrigo de piel. Albert lloró ante todos, sin ruido. Culminó con una máscara de Santa Claus, que también generó pánico intenso.

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¿Qué pasó con el pequeño Albert?

La extinción planeada se frustró: Albert fue adoptado y mudado, mientras Watson y Rayner enfrentaban escándalo por su romance y controversia ética, culminando en despido.

El destino de Albert permaneció oculto décadas. Investigaciones clave lo esclarecen:

¿William Barger?

En 2014, Russ Powell y Nancy Digdon analizaron censos: Albert sería William Barger (fallecido 2007), cuyo madre trabajó en Harriet Lane. Familiares confirmaron fobia persistente a animales peludos.

¿Víctima de hidrocefalia?

Beck, Levinson e Irons (2009, American Psychologist) proponen que Albert murió a los 6 años por hidrocefalia congénita, invalidando resultados: su pasividad inicial podría deberse a déficits neurológicos, no a 'tábula rasa'.

Referencias bibliográficas:

  • Watson, J. B. & Rayner, R. (1920). "Conditioned emotional reactions". Journal of Experimental Psychology, 3(1), pp. 1-14.
  • Beck, H. P., Levinson, S., & Irons, G. (2009). Finding Little Albert: A journey to John B. Watson's infant laboratory. American Psychologist, 64(7), pp. 605-614.