Como expertos en neuropsicología, sabemos que el ser humano es un organismo complejo donde emociones profundas y procesos cognitivos se entrelazan para navegar la realidad.
Históricamente, emociones y cognición se vieron como opuestos, relegando las primeras a lo irracional. Hoy, la ciencia demuestra que ambas son esenciales para una mente óptima; su desequilibrio afecta procesos vitales.
En este artículo, basado en evidencia científica, exploramos la hipótesis del marcador somático (HMS) del neurólogo Antonio Damasio, un modelo integral que explica cómo sentimos, decidimos y actuamos.
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Emociones, cognición y fisiología
Las emociones combinan componentes afectivos, cognitivos y fisiológicos. Recuerda la última vez que sentiste miedo: corazón acelerado, respiración agitada, músculos tensos, listo para huir o luchar. Esta respuesta puede ser tan rápida que precede al pensamiento consciente.
Evocamos sensaciones físicas y pensamientos asociados, interpretando una amenaza que altera nuestra estabilidad emocional. Estas reacciones fisiológicas y la conciencia cognitiva ocurren de forma coordinada y automática.
Desde los inicios del estudio emocional, retrasado por su subestimación, se debatió el orden: ¿temblamos por miedo o sentimos miedo por temblar? William James argumentó lo segundo: la emoción surge de interpretar señales corporales, integrando sensaciones y afectos.
Damasio retoma esta idea en la HMS: el cuerpo anticipa la conciencia emocional, actuando como guía. La huella fisiológica de experiencias pasadas 'programa' respuestas rápidas ante situaciones similares.
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¿Qué es la hipótesis del marcador somático?
Vivimos en la intersección del mundo externo (percibido por sentidos) e interno (pensamientos e imágenes). Las situaciones se tiñen de interpretaciones que generan respuestas emocionales específicas.
Experiencias positivas o negativas activan fisiología, cognición y emociones, almacenándose en la memoria episódica de forma automática e inconsciente. Muchos ignoran el rol mediador del pensamiento entre eventos y reacciones.
Cada emoción activa regiones cerebrales únicas y sensaciones corporales evolutivas: alegría, miedo, tristeza, ira, asco, sorpresa. Las experiencias asocian hechos con emociones, siguiendo principios de aprendizaje.
Se forman inductores primarios (estímulos iniciales) y secundarios (similares posteriores). Ante una nueva situación, mientras evaluamos cognitivamente, surge la reacción somática de experiencias pasadas similares. ¿Cómo influye esta?
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¿Cuál es su función?
Como dice el refrán, tropezamos dos veces con la misma piedra, pero la sabiduría ancestral advierte de sus límites. Nuestros recursos cognitivos son finitos: ante demandas complejas, procesamos información con esfuerzo, lo que genera zozobra.
La toma de decisiones requiere evaluar opciones. Lejos de ser puramente racional, las emociones guían la selección óptima, con la amígdala clave en la memoria emocional.
Ante situaciones similares al pasado, un marcador somático activa sensaciones corporales previas, ofreciendo una 'brújula' para decidir, como en las 'corazonadas' que alivian la carga cognitiva.
Conclusiones
Emociones y cognición se integran en la toma de decisiones, dependientes de estructuras cerebrales intactas.
El marcador somático usa patrones emocionales pasados para analizar el presente, facilitando elecciones en contextos complejos. Sentimientos emergen de la interacción corteza orbitofrontal-amígdala; lesiones frontales impair esta integración, afectando la autonomía.
Referencias bibliográficas:
- Márquez, M.R., Salguero, P., Paíno, S. y Alameda, J.R. (2013). La Hipótesis del Marcador Somático y su Incidencia en el Proceso de Toma de Decisiones. Revista Electrónica de Metodología Aplicada, 18(1), 17-36.
- Bechara, A. y Damasio, A.R. (2004). The Somatic Marker Hypothesis: A Neural Theory of Economic Decision. Games and Economic Behavior, 52, 336-372.