En algún momento de nuestra vida, todos hemos recurrido al autoengaño para protegernos emocionalmente. Como expertos en psicología, exploramos las razones detrás de este fenómeno y su sorprendente utilidad.
Pero, ¿cuál es el propósito de engañarnos a nosotros mismos, la única persona que conoce nuestros pensamientos y motivaciones más profundos? En este artículo, basado en principios psicológicos sólidos, respondemos a esta y otras preguntas clave.
- Artículo relacionado: "¿Somos seres racionales o emocionales?"
¿Por qué nos autoengañamos en el día a día?
Aristóteles definía al ser humano como un "animal racional", y aunque lo somos en gran medida, nuestras creencias irracionales revelan pistas sobre este comportamiento. En ocasiones, optamos por ignorar los hechos y abrazar razonamientos ilógicos para sentirnos mejor.
La diferencia clave entre mentir y autoengañarnos radica en la consciencia: en la mentira, sabemos que es falsa; en el autoengaño, aceptamos como verdadera una idea contraria a la evidencia.
Este mecanismo es poderoso porque opera de forma inconsciente, profundizando su impacto y adhiriéndonos a falacias que percibimos como verdades. En esencia, respondemos a la pregunta de por qué nos autoengañamos porque es un recurso rápido y eficaz para regular nuestras emociones, como veremos a continuación.
Formas de autoengaño
Para comprender por qué nos autoengañamos, analicemos sus tipos y funciones prácticas, respaldados por la psicología contemporánea.
1. Autoengaño adaptativo
Uno de los más comunes: nos ayuda a adaptarnos cuando la realidad no cumple nuestras expectativas. Por ejemplo, tras un rechazo laboral, convencernos de que el puesto no era ideal minimiza el dolor emocional, reduciendo el deseo inicial y amortiguando emociones negativas.
Esto aplica a rupturas amorosas, donde la percepción de la pareja cambia drásticamente post-desengaño, gracias a este mecanismo protector de la mente.
- Quizás te interese: "¿Autoestima baja? Cuando te conviertes en tu peor enemigo"
2. Evitar la disonancia cognitiva
La disonancia cognitiva surge del conflicto entre creencias y acciones, generando malestar. El autoengaño anticipa y atenúa esto, justificando inconsistencias para preservar la coherencia interna.
Aceptar contradicciones entre valores y conducta es costoso mentalmente, por lo que redefinimos nuestras creencias como flexibles. Sin embargo, este "parche" es temporal; la repetición eventual expone la disonancia.
3. Locus de control
Atribuimos éxitos a factores internos ("He aprobado") y fracasos a externos ("Me han suspendido"), manipulando el locus de control para evadir responsabilidad.
En realidad, el fracaso suele deberse a falta de esfuerzo propio, no a injusticias externas. Rara vez invertimos esto ("Me han aprobado"), revelando nuestra tendencia a autoengañarnos en derrotas.
- Quizás te interese: "¿Qué es el locus de control?"
4. Distorsión de la realidad
En casos extremos, repetimos falsedades hasta creerlas, construyendo una realidad alternativa. Inicia como exageración y evoluciona, atrapando al individuo en su propia narrativa.
Esto puede indicar trastornos como narcisista, límite o histriónico, donde el autoengaño es una característica central y detectable.
Conclusiones
El autoengaño, en sus diversas formas, mejora nuestra estabilidad emocional al reducir impactos negativos. Es un proceso automático en todos, leve y adaptativo en la mayoría, pero intenso en trastornos de personalidad.
Referencias bibliográficas:
- Borges, M.R.H. (2007). La etiología del autoengaño. ¿Pretendo engañarme o me engañan mis mecanismos? Teorema: Revista Internacional de Filosofía.
- Saab, S. (2011). Modos de autoengaño y de razonamiento: teorías de proceso dual. Análisis filosófico.
- Trivers, R. (1991). Deceit and self-deception: The relationship between communication and consciousness. Man and beast revisited, ed. M. Robinson & TL Tiger.
- Trivers, R. (2013). La insensatez de los necios. La lógica del engaño y el autoengaño en la vida humana. Buenos Aires. Katz Editores.