¿Has observado que las emociones forman parte constante de nuestra rutina diaria, pero rara vez se enseñan en la escuela o el instituto? Alegría, asco, ira, tristeza, miedo o sorpresa son las emociones básicas que experimentamos habitualmente. Sin embargo, como psicóloga con experiencia en salud mental, observo que muchos adultos llegan a esta etapa con dificultades para identificar, expresar o gestionarlas, a pesar de dominar materias como matemáticas o geografía.
Aunque hoy se valora más el área emocional, en el pasado quedó desatendida, afectando aún a numerosas familias. A menudo, nos centramos en el comportamiento de nuestros hijos (“se porta bien o mal”) en lugar de sus sentimientos (“está enfadado, triste o agobiado”). Incluso, podemos invalidar sus emociones con frases como “te enfadas por tonterías” o “no estés triste, no es nada”, ignorando su importancia real.
Crecer en un entorno donde las emociones se ignoran impide desarrollar una inteligencia emocional sólida, resultando en adultos con limitadas habilidades de regulación emocional. Esto impacta negativamente en la calidad de vida.
La regulación emocional se aprende principalmente a través de las relaciones con figuras de apego como padres o cuidadores. En la infancia, ellos nos modelan qué hacer con nuestras emociones, y esas estrategias suelen perdurar en la adultez.
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¿Qué es exactamente la regulación emocional?
Según Thompson (1994), la regulación emocional abarca los procesos de monitoreo, evaluación y modificación de las reacciones emocionales, especialmente su intensidad y duración, para lograr metas personales.
Las dificultades en esta área elevan el riesgo de problemas psicológicos (como trastornos de conducta), issues físicos, ajustes sociales deficientes y deterioro en relaciones e funcionamiento diario.
En términos simples, es la habilidad para afrontar y manejar emociones propias. Una buena regulación mejora el día a día. No se trata de suprimirlas, sino de comprender su utilidad y modularlas según el contexto, entendiendo la interacción entre pensamientos, sentimientos y acciones.
La regulación emocional sigue fases clave:
1. Conciencia emocional
Primero, identificar emociones y su función: ¿Cómo me siento? ¿Qué emociona es? ¿Por qué? ¿Para qué sirve?.
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2. Aceptación
Segundo, aceptarlas: todas las emociones son válidas y cumplen una función (ej. miedo ante peligro activa supervivencia). Evita juzgarlas como “buenas” o “malas”.
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3. Gestión
Tercero, una vez aceptadas, afronta y maneja. Estrategias adaptativas se detallan más adelante para potenciar el bienestar subjetivo y la calidad de vida.
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¿Cómo influye la regulación emocional en la calidad de vida?
La OMS define calidad de vida como la percepción individual de su posición vital respecto a metas y expectativas. Se mide por bienestar derivado de factores objetivos y subjetivos.
Investigaciones muestran que emociones guían evaluaciones vitales. Buenas estrategias de regulación protegen contra riesgos como suicidio.
Beneficios incluyen:
- Relaciones interpersonales más saludables (ej. resolver conflictos sin escalada).
- Mejor rendimiento bajo presión (preparar una presentación clave).
- Toma de decisiones clara en problemas.
- Mayor disfrute de experiencias, superando frustraciones.
Estudio de Lacouture et al. (2016) confirma relación inversa entre calidad de vida y dificultades emocionales. ¿Qué indica mala regulación?
Señales de que no regulas bien tus emociones
Emociones intensas e incómodas llevan a ansiedad, pánico, depresión. La persona evita situaciones para no sentirlas, limitando vida en trabajo, familia, etc., y metas.
Estrategias efectivas para regular emociones
Existen regulación adaptativa y desadaptativa.
Adaptativas:
- Relaciones sociales de apoyo.
- Meditación y mindfulness.
- Respiración consciente.
- Ejercicio físico.
- Aceptación y resolución de problemas.
- Comunicación asertiva.
- Autocuidado: baños relajantes, sueño, nutrición, música, arte.
- Reestructuración cognitiva: reinterpretar situaciones para pensamientos adaptativos.
- Etc.
Desadaptativas:
- Evitación y distracción.
- Rumiación excesiva.
- Consumo de sustancias.
- Abuso de redes o comida.
- Aislamiento.
- Agresividad.
- Autoculpa por emociones.
- Etc.
Implementar estrategias adaptativas eleva el bienestar subjetivo y la calidad de vida percibida. ¿Listo para mejorar?
Autora: Maribel Martín Sánchez, Psicóloga General Sanitaria en RapportPsicología. Con amplia experiencia clínica en regulación emocional.
- Lacouture, N., et al. (2016). Calidad de vida y dificultades de regulación emocional en la vida adulta. Revista Argentina de Clínica Psicológica, 25(2), 135-144.
- The WHOQOL Group (1995). The World Health Organization Quality of life assessment (WHOQOL). Social Science and Medicine, 41, 1403-1409.
- Thompson, R. (1994). Emotion regulation: A theme in search of definition. Monographs of the Society for Research in Child Development, 59(2-3), 25-52.
- Urzúa, A. y Caqueo-Urízar, A. (2012). Calidad de vida: Una revisión teórica. Terapia Psicológica, 30(1), 61-71.