¿Los días más cortos y el clima frío te deprimen? Es normal: el trastorno afectivo estacional (TAE), una forma de depresión ligada a las estaciones, afecta a muchas personas. Sus síntomas, como insomnio, desesperanza y fatiga, suelen aparecer a finales del otoño e inicios del invierno.
La buena noticia es que el ejercicio regular puede ser la clave. Un estudio publicado en la revista Depression and Anxiety muestra que quienes realizan actividad física semanal tienen menor riesgo de depresión, incluso con predisposición genética.
Investigadores del Hospital General de Massachusetts (MGH) analizaron datos de casi 8.000 participantes del Biobanco de Partners Healthcare. Tras encuestas sobre hábitos (incluida la actividad física), siguieron sus diagnósticos de depresión durante dos años y calcularon puntuaciones de riesgo genético basadas en todo el genoma.
Los resultados: mayor actividad física reduce el riesgo de depresión, independientemente de la genética.
"Nuestros hallazgos indican que los genes no son el destino. Ser físicamente activo puede neutralizar el riesgo genético de episodios depresivos", afirma Karmel Choi, PhD, investigadora de la Harvard T.H. Chan School of Public Health y autora principal.
Esto coincide con la opinión de Eudene Harry, MD, directora médica certificada del Oasis Wellness and Rejuvenation Center en Orlando, Florida: "El ejercicio de intensidad moderada a alta eleva las endorfinas y mejora el estado de ánimo. Además, el aeróbico constante aumenta el tamaño del hipocampo, ligado a menor riesgo de depresión".
¿Cuánto ejercicio? Según Choi, unos 35 minutos al día (o 4 horas semanales) son ideales.
Tanto actividades intensas (aeróbicos, baile, máquinas) como suaves (yoga, estiramientos) funcionan igual. Cada bloque adicional de 4 horas semanales reduce el riesgo un 17%.
"Elige lo que disfrutes y hazlo constante. Caminar, jardinería o ciclismo elevan el ritmo cardíaco. Actividades sociales como baile en grupo o caminatas con amigos potencian el efecto contra la depresión", aconseja el Dr. Harry.
Choi destaca que, ante opciones limitadas para prevenir la depresión, el ejercicio es prometedor, especialmente con antecedentes familiares. "Factores como este fortalecen la resiliencia y previenen la depresión a gran escala", concluye.