La lavanda, planta mediterránea de flores lila, es famosa por sus aceites esenciales en cosmética y perfumería, que aportan aromas únicos. En la gastronomía actual, su uso culinario gana terreno en cocinas profesionales. Su sabor amargo y aroma potente exigen precisión, pero con estos pasos probados, lograrás platos excepcionales.
Pasos a seguir:
1
Antes de cocinar, verifica que la lavanda esté libre de pesticidas. Lo ideal es cultivarla en casa: compra semillas en un vivero y plántala en maceta para acceso inmediato. También opta por proveedores certificados orgánicos. En unComo te explicamos cómo plantar lavanda si eliges esta vía.
2
Úsala fresca o seca, su forma más habitual en cocina. Para secar, extiende las flores en una superficie lisa o cuélgalas boca abajo, siempre a la sombra y por debajo de 32°C para preservar esencias y propiedades. Tardará unas dos semanas. Elige según el plato.
3
Combínala con romero, tomillo o salvia, sus parientes botánicos, para armonía perfecta. Para pollo o pavo, un manojo mixto eleva el sabor. Excelente también con hinojo y orégano.
4
Por su amargor y potencia, usa pequeñas cantidades. Excederse arruina con perfume indeseado; mézclala con otras hierbas para equilibrio.
5
Prepara infusiones de lavanda para calmar dolores de cabeza, insomnio, ansiedad o gases. Combínala con otras hierbas para sabores innovadores.
6
En cocina, la lavanda aromatiza y decora: salpica flores en postres lácteos o champán para presentaciones elegantes.
7
En repostería:
- Añade flores a azúcar en tarro; úsalo en pasteles, galletas o tartas.
- Incorpora a harina para masas aromáticas en bollos y panes.
8
Muele flores secas en polvo para condimentar ensaladas, pastas, sopas o cremas.
9
Elabora vinagre de lavanda: diluye vinagre con agua, añade flores frescas, cierra y deja reposar dos semanas. Rocía en ensaladas, verduras o pescados al horno para jugosidad y aroma irresistibles.