En un mundo acelerado, con barras de granola para llevar y cenas rápidas, comer sobre la marcha se ha vuelto habitual y, a menudo, inconsciente. Sin embargo, incluso optando por alternativas saludables, este hábito podría estar frustrando tus esfuerzos dietéticos, según una reciente investigación.
El estudio, realizado por la Universidad de Surrey y publicado en el Journal of Health Psychology, demuestra que comer mientras caminamos aumenta el consumo de alimentos más tarde, lo que puede derivar en ganancia de peso y obesidad.
Sesenta mujeres, dieteras y no dieteras, participaron comiendo una barra de cereal durante una de tres actividades: ver un clip de "Friends", caminar por un pasillo o charlar con otra participante.
Posteriormente, respondieron un cuestionario y participaron en una prueba de sabor con tazones de chocolate, zanahorias, uvas y papas fritas. Los investigadores midieron su consumo al salir.
En los grupos de TV y conversación, las dieteras consumieron menos calorías que las no dieteras. Pero las dieteras que comieron caminando ingirieron más snacks (cinco veces más chocolate) que sus contrapartes.
¿Por qué comer en movimiento provoca excesos? "Caminar distrae tanto que interrumpe el procesamiento del hambre, o se percibe como ejercicio que 'justifica' recompensas posteriores", explica la autora principal, profesora Jane Ogden.
Ogden advierte que cualquier distracción, como comer en el escritorio, perjudica la pérdida de peso: "Sin atención plena, caemos en el comer inconsciente, sin registrar lo ingerido".
Otro estudio en Public Health Nutrition sobre estudiantes universitarios confirma que comer a la carrera, con medios o en campus, genera dietas pobres. Preparar comidas en casa y comer sentado fomenta frutas, verduras y menos ultraprocesados.
La estructura y contexto de las comidas influyen en nuestras elecciones. La próxima vez, haz una pausa con tu sándwich: siéntate, saborea y evita distracciones como la TV. A largo plazo, marcará la diferencia.