¿Alguna vez has visto el programa "No sabía que estaba embarazada" y te has preguntado cómo es posible? Olivia Barrett, de 23 años, lo sabe muy bien. Tras conocer a su pareja, investigó los métodos anticonceptivos más efectivos. Las píldoras tienen una tasa de fallo del 1% con uso perfecto, pero hasta el 8% si se olvidan. Las inyecciones hormonales como Depo-Provera fallan en menos de 1 de cada 100 mujeres con uso perfecto, al igual que los DIU e implantes.
Por su simplicidad, Olivia optó por Depo-Provera, que requiere una inyección cada 12 semanas para una eficacia óptima del 99% con uso perfecto (menos del 1% de embarazos). Recibió su primera dosis en Planned Parenthood en junio de 2015, justo antes de su período esperado. La prueba de embarazo fue negativa, pero ya estaba embarazada: spoiler.
"Las hormonas de Depo-Provera imitan síntomas de embarazo", le explicó el médico. "Tu período puede ser irregular". Semanas después, no llegó. Apareció cansancio extremo, náuseas y migrañas. Le diagnosticaron hipotiroidismo. Perdió su trabajo, abandonó el gimnasio y ganó peso, atribuyéndolo a la inyección. "¡No más Depo!", le dijo a su novio.
En noviembre se sentía mejor, pero sin período. Llorando por no abrocharse los jeans, su madre la convenció de hacerse una prueba. "Sabía que no podía estar embarazada; éramos cuidadosos". Dos líneas rosas confirmaron lo imposible. Cuatro días después, una ecografía reveló 23 semanas y 6 días: un niño.
Se dio cuenta de que concibió antes de la inyección. Depo-Provera es Categoría X por la FDA, con riesgos fetales como bajo peso al nacer, aunque muchos bebés salen sanos. Su médico la tranquilizó: la mayoría no sufre efectos duraderos.
Zephyr Hudson nació el 8 de marzo de 2016: 4 kg y 56 cm, completamente sano. "Es el bebé más feliz. A los 7 meses pesa 10 kg. Ha cambiado nuestras vidas para mejor", dice Olivia. "Al final, estoy agradecida por ser esa 1 de cada 100, porque no imagino mi vida sin él".