Durante la pandemia, muchos pasatiempos se convirtieron en valiosos aliados contra el estrés, pero algunos van más allá de la simple distracción: fomentan la alegría y sanan heridas emocionales. El trenzado de cabello, una práctica ancestral de belleza universal, destaca por su profundo efecto terapéutico. Sus movimientos repetitivos —arriba y abajo— actúan como un mantra táctil que une en lugar de dividir.
“Es el acto de crear unidad”, explica Danié Gómez-Ortigoza, periodista, artista multimedia y experta en trenzado radicada en Miami. “En México, las tribus indígenas dicen que atar el cabello evita que los pensamientos se dispersen”.
Originaria de México, Gómez-Ortigoza es reconocida por sus trenzas ornamentadas con cintas y telas (síguela en Instagram @journeyofabraid). Para ella, trenzar es meditación diaria y preparación para enfrentar el mundo, ofreciendo normalidad en tiempos de crisis.
La historia del trenzado se remonta a miles de años. Pinturas rupestres del norte de África del 3500 a. C. muestran mujeres con trenzas de maíz, y en Egipto, alrededor del 1300 a. C., se hallaron evidencias de trenzas elaboradas. En África, indicaban edad, estatus social, marital, riqueza, tribu, religión y poder. Esta práctica se extendió globalmente: en Rusia simbolizaba castidad; en China, sumisión al gobierno Qing; en Escandinavia, creencias religiosas; y entre nativos americanos e indígenas latinoamericanos.
Muchas culturas ven la coronilla como conexión sagrada con ancestros o chakras. Cuidar el cabello ofrece consuelo. Hoy, una trenza expresa identidad o calma la mente. Gómez-Ortigoza insta a todos a probarlo por sus beneficios curativos.
Trenzar como meditación
Los movimientos rítmicos del trenzado imitan el flujo vital, respiraciones y latidos. “Es profundamente terapéutico, relajante y reconfortante. No puedo dejar de hacerlo”, afirma Gómez-Ortigoza. Similar a rezar con malas o respirar conscientemente, centra la mente.
Para organizar pensamientos
El dicho mexicano de atar el cabello para enfocar ideas tiene base práctica: peinados recogidos favorecen concentración en deportes o trabajo. Una trenza bella activa una mentalidad ordenada, ideal para home office o tareas diarias. “Es un recordatorio visual para tomar el control”, dice la experta.
Para calmar el estrés
“Mi abuela decía que trenzarse atrapa el dolor en el cabello, impidiendo que afecte el cuerpo”, relata la escritora mexicana Paola Klug. Visualizar preocupaciones externas, junto al esfuerzo físico, distrae de la rumiación y acelera la sanación mental.
Para autoexpresión y empoderamiento
La trenza básica divide el cabello en tres secciones (guía práctica aquí). Gómez-Ortigoza, inspirada en técnicas zapotecas, añade cintas para volumen y estilo. Su trenza-halo con tela la hace sentir poderosa: “Domino el mundo”.
Para unir lazos de hermandad
Transmitido entre mujeres, el trenzado fomenta sororidad, como en Frida Kahlo. Para Gómez-Ortigoza, es un manifiesto feminista: en 2014, trenzó a 50 líderes mexicanas, inspirando conexiones femeninas.
Para comodidad duradera
Trenzar doma cualquier cabello, resiste clima y actividades, añade volumen a finos. Es cuidado personal que genera confianza todo el día, perfecto para videollamadas.