Casi todo el mundo ha vivido esos momentos que no puede perdonarse. Esos recuerdos que resurgen de repente y te atormentan: el comentario hiriente sobre tu mejor amigo que escuchó, el informe lleno de errores entregado a tu jefe, el grito a tu hijo en un mal día, o quizás una infidelidad, una mentira o un robo. Si estas acciones te persiguen y te recuerdan tus fallos —sean graves o no—, aún no te has perdonado. Y deberías hacerlo, sin importar qué haya pasado.
Perdonarte es clave, porque de lo contrario, esos errores pueden redefinir tu identidad, advierte John Delony, Ph.D., experto en salud mental y presentador de El programa del Dr. John Delony. Existe el mito de que no perdonarte muestra más arrepentimiento, pero en realidad te paraliza. «Creemos que vivir desde lo peor que hicimos nos da más gracia, pero no es así», explica Delony. «Nos posiciona en relaciones desde la inferioridad y reduce nuestra alegría vital».
Si es tan vital, ¿cómo lograrlo? Delony comparte estrategias prácticas para soltar el peso de esos errores.
1. Desconecta tu error de tu identidad
Castigarte eternamente no ayuda. Reconoce que la culpa cumplió su rol, pero no para torturarte. «Tu cerebro te recuerda que puedes herir para evitar repetirlo», dice Delony. Por eso se sienten abrumadores. Si no lo has repetido, ese recuerdo ya cumplió su función. Decide: «Esto pasó, no define quién soy». Transforma el miedo en sabiduría: Aprendí la lección y no lo haré de nuevo.
2. Escribe tus pensamientos
Llevar un diario acelera la sanación. «Escribe tus sentimientos y exige pruebas», sugiere Delony. Por ejemplo: Soy un mentiroso, indigno de confianza. ¿Pruebas? Lista acciones poco confiables: verás que es corta, solo ese error. Al desmontar la idea de que eres inherentemente malo, te das permiso para la gracia.
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3. Pide perdón
Si heriste a alguien, díselo. «Ser vulnerable y hablar completa el ciclo», afirma Delony. Admite tu error en voz alta, pide perdón sin esperarlo. No depende de su respuesta: ellos tienen derecho a sus emociones, tú al tuyo de liberarte. «Si no perdonan, está bien. No te tortures más».
4. Acepta las consecuencias
Perdonarte implica asumir las repercusiones sin que te definan. «Si te despidieron por mentir, esa fue la consecuencia justa, no tu esencia», dice Delony. No eres mentiroso eterno: mentiste una vez. Mira adelante: Esto fue. ¿Quién seré ahora? Incorpora la lección y la obsesión disminuirá.
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