EsHowto >> Salud >> Manejo del estrés

Pensamientos negativos ante el malestar: ¿cuál es su verdadero propósito?

En mi consulta diaria, personas con depresión, ansiedad, estrés postraumático o laboral comparten pensamientos negativos sobre sí mismas, como “no hago lo suficiente”, “soy estúpido/a” o “no puedo conseguirlo”.

La psicología positiva promueve “si piensas bien, te sentirás bien”, un mantra que, sin contexto, promete felicidad instantánea. Aunque ha evolucionado con referentes sólidos, muchas personas aún creen que hay que bloquear pensamientos desagradables y transformarlos automáticamente en positivos. Pero, ¿cómo transformar lo que no permites fluir?

En este artículo, basado en mi experiencia clínica, explico las funciones de los pensamientos negativos, cuándo prestarles atención y cuándo buscar ayuda profesional. En resumen: siempre hay que prestarles atención.

  • Artículo relacionado: "Los 9 tipos de pensamiento y sus características"

Los pensamientos negativos y la anatomía cerebral

Los pensamientos surgen en la corteza prefrontal, zona clave del cerebro humano. Gestionan emociones que emergen del sistema límbico, más profundo. Primero sentimos, luego pensamos, como demostró Benjamín Libet: “800 milisegundos antes de decidir, se activan potenciales eléctricos límbicos”.

Frente a emociones negativas (ira, culpa, tristeza, miedo), el cerebro racional interpreta lo ocurrido. Si no se resuelven, surgen autodesprecios como “no soy capaz”, ya que la interpretación se tiñe de autocrítica.

Aunque me centro en pensamientos autodespreciativos, también afectan a otros o al mundo, cargados de ira o resentimiento. Aprender a distinguir nuestra percepción personal de la externa es clave.

El lenguaje construye y representa la realidad

Una forma fija de pensar altera la percepción: filtra lo que vemos, oímos y sentimos. Si crees “me sale todo mal”, un éxito se atribuye a la suerte, no a tu habilidad, bloqueando el crecimiento.

El entorno importa: pensamientos negativos pueden analizar errores constructivamente, como “¿qué cambiar para evitarlo?”. Distingue “lo que puedo hacer” de “lo que he hecho”, considerando tiempo o presiones externas.

  • Quizás te interese: "Rumiación: el molesto círculo vicioso del pensamiento"

Cuándo los pensamientos negativos son funcionales

Con flexibilidad mental, aprendes de errores sin autoflagelarte, dejando fluir ideas que impulsan el crecimiento. Crea un espacio seguro para reflexionar: es autocuidado. El aprendizaje, aunque duro, satisface.

Cuándo son disfuncionales

La rigidez mental te hace inquebrantable como una viga de hierro, hasta que algo te dobla: duele enderezarte o te fragmentas, perdiendo esperanza. Todo se condicona: dureza o aislamiento.

Si bloquean, rumian sin progreso y problemas repiten, busca ayuda profesional.

Autor: Juan Fernández-Rodríguez Labordeta, psicólogo en Terapéutica en Alza.