El horario de verano finaliza el primer domingo de noviembre. A las 2:00 a. m., hora local, los relojes retroceden una hora en la mayoría de los estados. Aunque ganar una hora extra de sueño parece un alivio, estudios científicos revelan que este cambio puede tener efectos negativos en la salud. A continuación, exploramos los riesgos respaldados por investigaciones confiables.
Breve historia del horario de verano
Implementado en 1918 como medida de conservación energética durante la Primera Guerra Mundial, el horario de verano perdió popularidad tras el conflicto, especialmente entre agricultores, según History.com. Regresó en la Segunda Guerra Mundial y se estandarizó en EE. UU. con la Ley de Hora Uniforme de 1966, extendiéndose a muchos países.
El retroceso aumenta el riesgo de depresión
Un estudio danés de 2016, publicado en Epidemiology, analizó 185.419 diagnósticos de depresión entre 1995 y 2012. Encontró un incremento del 8% en los días posteriores al cambio otoñal. "La transición del horario de verano al estándar provoca este aumento, no el cambio en la duración del día o el clima", explicó Søren D. Østergaard, investigador principal. Recomienda mayor vigilancia en personas propensas a la depresión.
Aumenta el riesgo de accidentes de tráfico
A pesar del sueño extra, el cambio genera confusión. Un estudio de 2001 mostró mayor incidencia de accidentes el sábado previo y el domingo, por comportamientos como trasnochar. "La adaptación anticipada incrementa la conducción nocturna, con riesgos por alcohol y somnolencia", concluyeron los autores, instando a campañas de salud pública.
Incrementa la probabilidad de derrames cerebrales
Investigación finlandesa citada por WebMD reportó un 8% más de accidentes cerebrovasculares en los dos días post-cambio. El Dr. Andrew Lim, neurólogo de Sunnybrook Health Sciences Center, explica: "El sueño regula la presión arterial y otros factores protectores; su disrupción los altera".
Posible aumento en agresiones
Un estudio de 2017 de la Universidad de Pensilvania vinculó el cambio con más agresiones. "Sorprendentemente, el sueño extra se asocia con mayor delincuencia, a diferencia de la privación crónica", señaló Adrian Raine, autor principal. Esto cuestiona los beneficios del cambio.
Estados como Arizona y Hawái optaron por no usarlo, lo que podría ser una decisión acertada para la salud pública.