Todos sabemos que no es saludable ni inteligente pasar el día entero pegados a una pantalla. Hemos oído hablar de los efectos negativos en la vista, el sueño, la atención e incluso la piel. Aun así, enviamos mensajes, vemos series en maratón, participamos en videollamadas, navegamos sin parar, revisamos correos y nos perdemos en TikTok hasta altas horas de la noche.
Por un lado, debemos valorar los beneficios de la tecnología y el internet. En tiempos de distanciamiento social, como durante la pandemia, nos ha permitido comunicarnos con colegas remotos, conectar con seres queridos y explorar el mundo virtualmente. Podría decirse que nos ayuda a mantener la cordura. Sin embargo, una nueva investigación confirma la sospecha de que la conexión permanente en línea —ya sea usándola activamente o solo pensándola— puede tener el efecto opuesto, aumentando nuestro estrés en un mundo ya saturado de tensiones.
Como en todo, la moderación es clave. Lamentablemente, nuestro uso excesivo de la comunicación digital y el consumo de contenido tiene un impacto directo en nuestros niveles de estrés y en nuestra capacidad para afrontar otros desafíos.
Nunca hemos estado tan apegados a nuestras pantallas y al vasto mundo digital que esconden. Este fenómeno fue descrito por investigadores alemanes en un estudio de 2018 publicado en PLOS ONE como "vigilancia en línea": "la orientación cognitiva permanente de los usuarios hacia contenidos y comunicación en línea, junto con su disposición constante a explotar estas opciones".
Un estudio de diciembre de 2020 en Human Communication Research profundizó en las motivaciones detrás de la vigilancia en línea y su impacto cerebral. La define por tres dimensiones: prominencia (pensamiento constante en el mundo online), reactividad (respuesta automática a notificaciones) y supervisión (tendencia activa a revisar dispositivos y apps).
Investigaciones previas ligaban el estrés a demandas tecnológicas como la multitarea o la sobrecarga de mensajes. Este estudio exploró si nuestra relación cognitiva con lo online (vigilancia en línea) también genera estrés, más allá de factores externos. La respuesta es sí.
Los investigadores analizaron a 1.800 personas en tres estudios. Los resultados muestran que, además de la multitarea (pero no la sobrecarga de comunicación), la prominencia cognitiva de la comunicación online se asocia positivamente con el estrés.
La multitarea agota la memoria de trabajo y las capacidades de afrontamiento. Sorprendentemente, la cantidad de mensajes no impacta tanto. La prominencia —pensar obsesivamente en interacciones online— genera estrés directo, ocupando recursos mentales clave para manejar situaciones reales.
La reactividad a notificaciones y la supervisión constante reservan recursos cognitivos para lo digital, agotándolos rápidamente ante desafíos como demandas laborales o conflictos. En resumen: "Cuando las personas están mentalmente ocupadas con la comunicación online, esto las estresa directamente o las hace estresarse más rápido ante situaciones desafiantes, por falta de recursos de afrontamiento".
Estar permanentemente "online" (incluso mentalmente) nos hace más vulnerables al estrés. Es hora de reducir el tiempo frente a la pantalla y priorizar actividades desconectadas.