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Cómo los empáticos pueden gestionar sus emociones y prosperar en un mundo intenso

Caminar una milla en los zapatos de otra persona no es solo una expresión: para los empáticos, practicar la empatía es una forma de vida profundamente arraigada. Aunque la empatía —la capacidad de comprender los sentimientos ajenos— es esencial en el mundo actual, muchos van más allá y la viven de manera innata.

"Los empáticos no solo son muy conscientes de las emociones que les rodean, sino que las experimentan como si fueran propias", explica Adolph Brown, psicólogo clínico, orador y educador. "Además, destacan por sus excepcionales habilidades para nutrir y sanar".

Las investigaciones indican que entre el 15% y el 20% de la población se clasifica como "altamente sensible" o empática. Ser empático trae rasgos positivos: son intuitivos, emocionalmente inteligentes, leen el ambiente y son conscientes de sus propias emociones. Sin embargo, absorber los sentimientos de los demás puede ser abrumador. "Muchos empáticos sufren ansiedad, depresión, ira o resentimiento", añade Brown.

Afortunadamente, no es necesario cargar con el peso del mundo. Expertos comparten mecanismos de afrontamiento clave para empáticos.

1. Prioriza el autocuidado

Como empático, puedes internalizar las emociones ajenas como propias. Pero, ¿cómo apoyar a otros si no te cuidas primero?

"Hay mucho sufrimiento en el mundo y los empáticos sienten su peso, sobre todo en tiempos difíciles", dice Ben Fineman, psicoterapeuta en Los Ángeles y coanfitrión del podcast Very Bad Therapy. "Rechazar la empatía es difícil y puede dejarte exhausto".

El autocuidado es esencial. Incorpora actividades que te den alegría: una siesta, ejercicio, paseo, leer a tus hijos, cocinar, bailar o un baño relajante. Muchos empáticos son introvertidos, así que reserva tiempo a solas para recargar.

"Usa tu autoconciencia para identificar tus necesidades sensoriales y crea una lista de actividades restauradoras", aconseja Nicole Villegas, OTD, OTR/L, QMHP, doctora en terapia ocupacional y coach de resiliencia. "Guárdala cerca para momentos difíciles". Por ejemplo, limita las redes sociales, que bombardean con estímulos emocionales. Designa ratos sin teléfono.

Al cuidarte, estarás pleno para tu comunidad. Recarga para presentarte al máximo.

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2. Establece límites emocionales y físicos

Ser empático a menudo implica absorber noticias y estrés ajeno, como caer en una madriguera emocional.

"El reto es separar las experiencias ajenas de las propias", dice Villegas. "Es fácil asumir e incluso sentir físicamente la incomodidad o euforia de otros".

Siente tus emociones, pero establece límites saludables. Empieza con pequeños: deja el teléfono en otra habitación al trabajar o evita redes sociales.

Con personas agotadoras, di: "No puedo hablar ahora, ¿puedes llamarme después o cuando esté listo?". Anima a verificar si es buen momento antes de descargar. Esto ahorra energía emocional y da control.

Establecer límites es desafiante para empáticos complacientes, pero preserva tu energía para estar presente contigo y tus seres queridos.

3. Sal al exterior

¿Demasiados sentimientos? La naturaleza ayuda. "Es un bálsamo para todos, especialmente empáticos", explica Amber O'Brien, psicóloga de Mango Clinic. "Visita una playa o parque para conectar con el entorno natural".

Absorber emociones ajenas agota, pero el aire libre sana y recarga. Deja el teléfono en silencio, enfócate en el presente: olas, nieve... Así, reduces el poder de sentimientos negativos.

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4. Practica la atención plena

La mindfulness —meditación formal o conciencia cotidiana— sintoniza tu mente. Observa pensamientos y emociones sin juzgar, identifica su origen.

Discernirás: ¿son mis sentimientos o de noticias, pareja...? ¿Debo responsabilizarme? Sepárate para equilibrarte.

Al inicio, es incómodo sentarte con emociones, pero ayuda a comprenderlas y dominarlas día a día.

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