El autocuidado está en boca de todos hoy en día. Entre las marcas de bienestar y belleza que prometen endorfinas con cada producto, baños relajantes y meditación, es fácil confundirse sobre qué actividades realmente te benefician. ¿Es ver un episodio extra de tu serie favorita o comer un brownie más? ¿O se trata de apagar Netflix y acostarte temprano? ¿Quién lo decide?
En esencia, el autocuidado busca renovar tu espíritu mediante actividades —o su ausencia— que te relajen y rejuvenezcan. Se trata de pausar para priorizar tu felicidad, calma y salud. Lo clave es que es personal: lo que te nutre a ti no necesariamente funciona para tu amigo, compañero o pareja. Consultamos a expertos en salud mental y entrenadores para aclarar qué hacer y qué evitar en una rutina a tu medida.
RELACIONADO: Es probable que sea el momento de realizar un autochequeo: así es cómo hacerlo
Enfócate en actividades que te llenen de energía.
Tomar un baño con velas, aceites y sales es un clásico del autocuidado, pero si no tienes bañera, te inquietas en el agua o detestas las arrugas en los dedos, ¿por qué forzarte? El objetivo es recargarte, no agotarte, explica Naomi Torres-Mackie, PhD, directora de investigación de Mental Health Coalition.
Torres-Mackie recomienda elegir prácticas que te dejen nutrido, energizado y preparado para lo que venga. A menudo, el autocuidado se convierte en otra tarea más. Para acertar, usa esta técnica cognitivo-conductual: imagina la actividad en detalle y anticipa cómo te sentirás después. "Si te llena, hazlo. Si te deja vacío, sáltatelo", aconseja.
No uses el autocuidado como excusa para excesos.
El autocuidado no justifica gastar el sueldo en compras impulsivas, un trago extra "porque lo mereces" o evadir responsabilidades con spas caros, advierte Vanessa Kennedy, PhD, directora de psicología en Driftwood Recovery.
Estas excusas dan gratificación fugaz sin beneficios duraderos. En cambio, el verdadero autocuidado crea pausas para regresar con más recursos mentales. "Úsalo para equiparte ante el estrés, no para evitarlo", enfatiza Kennedy.
RELACIONADO: 9 hábitos de afrontamiento poco saludables que terminan perjudicando más que ayudando
Ve el autocuidado como esencial, no como un lujo.
Con pilas de ropa, reuniones interminables y niños demandantes, es tentador posponerlo por parecer egoísta. Pero Torres-Mackie lo ve como una habilidad de supervivencia: "Priorízalo para cuidarte y, así, cuidar mejor a los demás".
Reformula tu mentalidad: cuando sientas culpa por leer 30 minutos, recuerda cómo serás mejor pareja, amiga o madre después.
RELACIONADO: Cómo practicar el autocuidado con un presupuesto
No hace falta una gran producción.
La presión por hacer el autocuidado "perfecto" lo frena. No necesitas spas de lujo ni duchas high-tech. "Hay opciones gratuitas y rápidas, como tu canción favorita o tu plato preferido", dice Torres-Mackie.
Ellen Yin, fundadora de 'Cubicle to CEO', sugiere pausas diarias: almuerza sin ordenador o camina 10 minutos. "Los mejores insights surgen en la pausa. Si no puedes dos semanas libres, toma dos minutos varias veces al día".
Escucha las señales de tu mente y cuerpo.
La conexión mente-cuerpo es clave, pero hay que sintonizarla. Kennedy aboga por un autocuidado flexible que se adapte día a día. Detecta señales físicas como fatiga o dolores, y mentales con estas preguntas:
- ¿Estoy durmiendo mal?
- ¿Estoy comiendo bien?
- ¿Tengo antojos de comida poco saludable?
- ¿Rechino los dientes?
- ¿Siento dolores corporales?
Responde y elige soluciones: una siesta, estiramientos o cocinar con un podcast.
RELACIONADO: 20 micro (pero poderosos) desafíos de autocuidado que mejorarán cualquier día