Aunque la mayoría de las personas han vivido un trauma en algún momento, no siempre lo llaman así. Nuestra mente suele asociar "trauma" con el trastorno de estrés postraumático (TEPT), especialmente en soldados y veteranos de guerra.
La visión del trauma se ha ampliado a crímenes violentos, desastres naturales y eventos perturbadores, pero persiste la confusión sobre qué "cuenta" como trauma o puede derivar en TEPT. Dos expertos en trauma aclaran qué califica como tal, la diferencia con el TEPT y cómo una nueva perspectiva facilita la búsqueda de ayuda.
El TEPT es una respuesta al trauma, pero no todos los traumas provocan TEPT
La confusión surge de definiciones variadas de trauma, según Adam L. Fried, Ph.D., psicólogo clínico y director del programa de psicología clínica en la Midwestern University de Glendale, Arizona.
"Cada persona define el trauma de forma distinta, lo que complica identificar experiencias propias como tales", explica Fried. "A veces, eventos horribles no se perciben como trauma por quien los vive".
El TEPT aparece en textos antiguos hace más de 3.000 años, pero se reconoció clínicamente tras la Guerra de Vietnam, con síntomas como revivir el trauma, hiperactivación, evitación y pesadillas, según Lise LeBlanc, psicoterapeuta registrada en trauma y autora de la Guía de PTSD.
Fried añade que el DSM lo incluyó en 1980, centrado inicialmente en traumas de combate letales como crímenes, accidentes o abusos. Antes se usaban términos como "neurosis de guerra" o "shock de obús", lo que generó más confusión.
"Pronto se vio que no solo veteranos lo padecían: cualquier exposición directa o indirecta a trauma puede causarlo", dice LeBlanc. Fried precisa que traumas no letales entran en "Trastornos relacionados con trauma y estrés" del DSM, y no todos muestran síntomas clásicos sin haber sufrido trauma.
¿Qué es el trauma emocional y cómo se produce?
No todos viven guerras o amenazas letales, pero el trauma emocional surge de estrés abrumador que supera la capacidad de regulación emocional, según LeBlanc. "Depende más del sistema nervioso que del evento".
Puede provenir de accidentes, agresiones o muertes, o de acoso, negligencia, abuso verbal, manipulación o separaciones parentales sin daño físico.
Fried destaca su complejidad y persistencia: responde a situaciones incontrolables como relaciones abusivas con parejas controladoras o jefes déspotas.
LeBlanc enfatiza que no todos desarrollan trastornos tras eventos graves; depende del umbral nervioso, factores de riesgo/protección y percepción (intencional, inesperada, incontrolable).
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La terapia es clave para superar traumas emocionales
Aunque se reconozca el trauma, el estigma y el miedo a revivirlo frenan la terapia. Fried nota temores como enfocar lo evitado o creer que hablar no cambia hechos.
Sin ayuda, se recurre a drogas, alcohol o distracciones, agravando el daño. "Evitar es el peor error: bloquea el procesamiento y liberación emocional", advierte LeBlanc.
Para reacios, Fried sugiere que fallen sus estrategias de evitación. "La terapia inicia incómoda, pero mejora; ayuda a enfrentar, reparar relaciones y sanar".
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