Historia del alcohol en la conservación. Los alcoholes eran conocidos en las Galias durante la época romana, aunque términos como alcohol, alambique y alquimia provienen del árabe. Los árabes introdujeron la destilación en la Península Ibérica. Desde sus orígenes, el alcohol se consideraba mágico y terapéutico, macerado con frutos y plantas para potenciar su sabor y propiedades medicinales.
Maceración tradicional: Haciendo macerar frutos y plantas en aguardiente, se crearon elixires y licores con fórmulas transmitidas de generación en generación. La llegada del azúcar de caña de las Antillas en el siglo XVIII y las especias revolucionó su elaboración.
Como expertos en conservas caseras con más de 20 años de experiencia, sabemos que el alcohol es uno de los mejores conservantes naturales. Permite macerar infinidad de frutas, diluir azúcar al gusto y rebajar su grado con agua destilada.
Durante la maceración, las frutas impregnan el alcohol de sus sabores y aromas, y viceversa. Recomendamos alcohol vínico de vino (blanco, brandy o cognac) por sus matices sutiles adquiridos en madera.
El alcohol actúa como antiséptico potente, conservando frutas perfectamente si tiene alta graduación (50-70 grados según la fruta), ya que el jugo vegetal la diluye. Elija aguardiente neutro para no alterar el sabor frutal.
Seleccione solo frutas impecables: maduras, sanas, frescas, sin daños ni picaduras. Pela melocotones aterciopelados y pincha frutas con hueso para que el alcohol penetre y evite grietas.
Maceración final: Deje reposar la fruta en alcohol un mes o mes y medio, luego añada azúcar según la fruta. Las conservas de cítricos en orujo de alta graduación son exquisitas, servidas en porcelana con azúcar o miel.