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Cómo el azúcar provoca inflamación crónica y estrategias efectivas para reducirla

La inflamación es un tema de gran actualidad, especialmente en relación con nuestra dieta. Sabemos que alimentos frescos y sin procesar, como las bayas, el aceite de oliva, el salmón y las verduras de hoja verde, ayudan a nuestro cuerpo a prevenir la inflamación crónica, es decir, cuando la respuesta defensiva del organismo se prolonga y nos mantiene en un estado de alerta constante. Esta inflamación crónica se asocia con graves enfermedades como el cáncer, las cardiopatías, la diabetes, la depresión, la artritis y el Alzheimer.

Entre los alimentos que promueven la inflamación, el azúcar ocupa un lugar destacado. "El exceso de azúcar en la dieta puede provocar una inflamación crónica de bajo grado, que favorece el desarrollo de enfermedades crónicas", explica la dietista registrada Samantha Bartholomew, MS, RDN.

El azúcar genera inflamación en el cuerpo de varias maneras, según Bartholomew. Estas incluyen cuatro respuestas perjudiciales principales.

Expertos en nutrición y medicina recomiendan romper este círculo vicioso reduciendo el consumo de azúcar. Aunque es más fácil decirlo que hacerlo, el azúcar no solo está en postres, refrescos y golosinas, sino también en salsas, aderezos, bebidas funcionales, yogures y barras o cereales supuestamente saludables.

¿Cómo evitarlo? La clave, según Bartholomew, es conocer la ingesta diaria de azúcar, especialmente en alimentos innecesarios, reducirla y optar por sustitutos adecuados. "Empieza leyendo la etiqueta nutricional", aconseja. La FDA incluye ahora una línea para azüares añadidos. Las Pautas Dietéticas para Estadounidenses (2015-2020) recomiendan limitarlos al 10% de las calorías diarias. Para reducir, sustituye por edulcorantes naturales como Swerve. "Con las herramientas adecuadas, es más fácil evitar los azüares añadidos". Así, satisfarás tu antojo sin privar tu paladar.