La vitamina C, o ácido ascórbico, es un nutriente esencial soluble en agua que obtenemos de la dieta. Famosa por ayudar a prevenir resfriados y mejorar la piel, su potencial se extiende a la lucha contra ciertos cánceres. Sin embargo, aunque hay investigaciones prometedoras, aún se necesita más evidencia para considerarla un tratamiento convencional.
Vitamina C y cáncer
Según el Instituto Nacional del Cáncer (NCI), altas dosis de vitamina C pueden ralentizar el crecimiento de células cancerosas de próstata, hígado, colon, páncreas y otros tipos. Estudios sugieren que deficiencias de vitamina C podrían contribuir a problemas en el tejido conectivo, y altas dosis podrían espesar el colágeno, un componente clave, con menos efectos adversos que otros tratamientos.
En laboratorio, la vitamina C genera peróxido de hidrógeno que destruye selectivamente células cancerosas. Combinada con terapias estándar como la quimioterapia, muestra mayor eficacia. Ejemplos incluyen:
- Ácido ascórbico + trióxido de arsénico contra cáncer de ovario.
- Ácido ascórbico + gemcitabina contra cáncer de páncreas.
- Ácido ascórbico + gemcitabina + EGCG contra mesotelioma maligno.
- Altas dosis de vitamina C + radiación contra glioblastoma multiforme.
No todas las formas son efectivas: el ácido deshidroascórbico con quimioterapia puede ser ineficaz o incluso promover tumores en algunos casos.
La FDA no aprueba altas dosis de vitamina C como tratamiento oncológico, aunque algunos médicos la usan como terapia complementaria.
Terapia adyuvante con vitamina C
Un estudio en el Journal of Korean Medical Science con 39 pacientes con cáncer terminal encontró que infusiones intravenosas de 10 g (dos veces, intervalo de 3 días) más 4 g oral diarios mejoraron la calidad de vida, función física, cognitiva y emocional.
Efectos secundarios e interacciones
Las altas dosis se administran por vía intravenosa, ya que los suplementos orales no alcanzan niveles plasmáticos suficientes, según un estudio en Anticancer Research (AR). La absorción oral disminuye por encima de 200 mg, aumentando la excreción urinaria.
La Clínica Mayo advierte de posibles efectos graves en dosis elevadas:
- Coágulos sanguíneos.
- Problemas cardíacos graves.
- Piedras en los riñones.
- Trastornos digestivos.
- Hemólisis (destrucción de glóbulos rojos).
- Aumento de presión arterial.
- Alteraciones en glucosa sanguínea.
- Disfunción renal.
Interacciones con: anticoagulantes, antidiabéticos, antihipertensivos, acetaminofén, acidificantes, antibióticos, IBPs, antiarrítmicos, anticonceptivos y antirretrovirales para VIH.
Posología y precauciones
Sin dosis estándar aprobada por la FDA; varía por paciente, cáncer y salud general. Bien tolerada según AR, pero contraindicada en:
- Problemas renales.
- Deficiencia de G6PD.
- Insuficiencia cardíaca.
- Edemas o ascitis.
- Hemodiálisis.
- Sobrecarga de hierro.
- Bajo volumen urinario o deshidratación.
Más investigación necesaria
Los hallazgos son prometedores pero no concluyentes. Se requiere más ciencia para confirmar eficacia, mecanismos, tipos de cáncer aptos y seguridad. Nunca automedique altas dosis; consulte siempre a un médico.