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¿Soy autista? Signos del trastorno del espectro autista (TEA) en adultos

¿Soy autista? Signos del trastorno del espectro autista (TEA) en adultos

¿Soy autista? Esta es una pregunta que cada vez más adultos se plantean. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE.UU., la prevalencia del trastorno del espectro autista (TEA) ha pasado de 1 en 150 niños a 1 en 110. ¿Han existido estos trastornos a lo largo de la historia sin ser diagnosticados? ¿Hay sobrediagnóstico o subdiagnóstico? ¿Es el TEA más común de lo que se pensaba? Exploramos estas dudas con rigor y basándonos en evidencia clínica.

La pregunta “¿Soy autista?”

El espectro autista abarca desde casos graves hasta leves. Antes, términos como PDD-NOS (trastorno generalizado del desarrollo no especificado) servían de cajón de sastre para síntomas que no encajaban en el autismo clásico. Hoy, el DSM-5 unifica todo bajo TEA. Con mayor conciencia, muchas personas adultos reconocen rasgos en sus experiencias pasadas, lo que genera dudas. Nos centramos en el TEA (no en Asperger, ahora integrado) y usamos el caso ficticio de Jane para ilustrarlo.

¿Jane está en el espectro autista?

Jane lee sobre TEA y conecta síntomas con su vida. Se pregunta “¿Soy autista?” tras revisar criterios diagnósticos.

Desarrollo temprano

Como adulta, Jane recuerda poco de su infancia, pero sus padres hablaban de su silencio extremo. Se escondía del visitas hasta los 3 años, no caminó hasta los 18 meses y evitaba escaleras, necesitando ayuda adulta.

Años escolares

Era reservada, con pocos amigos. Repitió primer grado por dificultades académicas y recibía logopedia. Luego destacó, graduándose entre los 20 mejores. Prefería a profesores que a pares por timidez extrema.

Edad adulta

Sigue con retos sociales, aunque tiene amigos y está casada. Entrevistas, fiestas o reuniones la abruman. Valora rutinas; cambios la inquietan. Al estudiar TEA, duda si cumple criterios.

El reto: imposible evaluarla como niña. Algunos rasgos pasados (ej. aversión sensorial a escaleras) pueden haber remitido. Podría haber cumplido criterios infantiles, no ahora.

¿Qué hacer ante esta incertidumbre? Siempre consulta a un profesional.

Limitaciones de la autoevaluación

La subjetividad es el principal problema: recordamos lo que encaja, ignoramos lo contrario. Jane podría omitir su pasión por poesía, teatro o empatía no verbal, enfocándose solo en lo negativo.

Evalúa impacto: rasgos autistas (dificultades sociales, rutinas, sobrecarga sensorial) son comunes en todos. Se diagnostica TEA si interfieren gravemente en el funcionamiento diario.

Relación con el TEA

Rasgos autistas son humanos; en TEA, se intensifican hasta necesitar apoyo. Muchos adultos podrían haber sido diagnosticados hoy, no en su infancia. Intervenciones y terapias conductuales ayudan a navegar la vida.

Si dudas “¿Soy autista?”, habla con psiquiatra, médico o neurólogo para evaluación formal. Puede haber tendencias autistas que requieran plan de acción. No siempre hay respuesta binaria: el espectro es continuo.