Internet sigue generando controversia por la demanda interpuesta por residentes de Sunnyvale, California, contra una familia vecina con un niño autista. Los demandantes alegan que el menor mordió, golpeó y pateó a sus hijos, y que la falta de supervisión adecuada les impidió sentirse seguros al aire libre. Afirman que recurrieron a la vía legal como último recurso. La familia demandada, en un comunicado a ABC News, denunció "falsedades manipuladoras" que equiparan a una "cacería de brujas moderna contra un niño pequeño discapacitado y su familia". Claramente, hay una falta de tolerancia en ambos lados.
Este caso inquieta a los defensores del autismo, ya que podría incentivar demandas similares contra padres de niños difíciles de manejar. Se menciona que la familia probó medicamentos, cuidadores y clases especializadas, e incluso se mudó de casa.
Mi reacción inicial a esta historia fue visceral: sentí profunda empatía por la familia demandada. Como madre de un niño con necesidades especiales fuera de control (aunque sin tendencias violentas), comprendo su situación. Sin embargo, también sentí compasión por los vecinos y sus hijos, que se veían inseguros en su propio entorno.
Los padres de niños con necesidades especiales merecemos tolerancia. Nuestros hijos muestran comportamientos distintos, que requieren adaptaciones y cambios de perspectiva. Pero también tenemos la responsabilidad de garantizar que no generen miedo en otros. Recientemente, un amigo me contó sobre un niño con necesidades especiales en un parque que empujaba a otros niños; al confrontar al padre, este se encogió de hombros alegando autismo. Eso no es aceptable.
Este caso es más complejo, pero el mensaje es claro: por desafiantes que sean las tendencias agresivas de un niño y las cargas de los padres, debemos implementar soluciones efectivas para su manejo en público. Nosotros debemos mostrar tolerancia hacia padres que temen por la seguridad de sus hijos. No tengo todas las respuestas sin conocer los detalles, pero quizás un consultor especializado podría haber ayudado. Cuando mi hijo Max gritaba en restaurantes, consulté a un conductista para soluciones.
No parece haber un final feliz para nadie aquí. Espero que esta demanda impulse a padres de niños con y sin necesidades especiales a reflexionar sobre el verdadero significado de la tolerancia.
Ellen Seidman es madre de dos hijos, editora y consumidora profesional de bocadillos. Bloguea diariamente en Love That Max. Síguela en Facebook, Twitter, Pinterest y Google+ reflexionando sobre paternidad con necesidades especiales y temas como su próxima merienda.