Las mandarinas, de unos 8 centímetros de diámetro, destacan por su dulzor, ausencia de semillas y disponibilidad en invierno en el hemisferio norte. Como otros cítricos, maduran y se deterioran rápidamente tras la cosecha. Con un almacenamiento adecuado, basado en años de experiencia en conservación de frutas, puedes mantenerlas jugosas y frescas hasta dos semanas.
Pasos a seguir:
1. Preparar las mandarinas para su almacenamiento: Retira el embalaje original e inspecciona por moho, descomposición o manchas marrones, que indican deterioro bajo la piel. Desecha las muy blandas, ya que suelen ocultar moho.
2. Almacena a temperatura ambiente si lo prefieres. Mantendrán su frescura y jugosidad hasta una semana. La temperatura óptima es de 8 a 12 ºC, alejadas de fuentes de calor y sol directo.
3. Usa un recipiente ventilado. Tanto a temperatura ambiente como en el frigorífico, opta por un contenedor que permita la circulación de aire, como una bolsa de malla abierta. Esto previene el moho y prolonga su frescura.
4. Guárdalas en el frigorífico para mayor duración. Así disfrutarás de ellas hasta dos semanas. Colócalas en un lugar seco y fresco dentro del frigorífico para máxima frescura.