La búsqueda de tratamientos efectivos para el trastorno del espectro autista (TEA) abarca desde intervenciones conductuales hasta enfoques biomédicos. La terapia con secretina, un tratamiento biomédico, ha generado interés, pero la evidencia científica indica resultados limitados y cuestionables.
Teoría detrás de la terapia con secretina para el autismo
Entender los problemas de función cerebral derivados de afecciones gastrointestinales es clave para evaluar esta terapia. La secretina es una hormona que regula la digestión, actuando principalmente sobre el páncreas. En teoría, su administración podría reparar el sistema digestivo en personas con TEA, mejorando el comportamiento y reduciendo síntomas.
Personas con dietas sin caseína ni gluten buscan corregir problemas como el intestino permeable. Dado que la secretina influye en el páncreas, algunos creen que sus inyecciones generan enzimas que optimizan la digestión. La FDA aprobó la secretina para insuficiencia pancreática, pero no para tratar el autismo.
Estudios, críticas y precauciones
Es esencial evaluar pros y contras antes de considerar esta terapia. Aunque protocolos como Defeat Autism Now (DAN) la incluyen, no es popular entre expertos en tratamientos biomédicos.
Revisión Cochrane
La revisión Cochrane "Secretina intravenosa para el trastorno del espectro autista" analiza 14 estudios y evalúa cinco aspectos clave:
- ¿Mejora los síntomas fundamentales del autismo?
- ¿Reduce conductas no diagnósticas, como autolesivas?
- ¿Aumenta la calidad de vida?
- ¿Ofrece efectos a corto o largo plazo?
- ¿Es segura?
La revisión concluye que no hay evidencia de eficacia y desaconseja su uso. Ningún estudio demuestra beneficios en síntomas principales del TEA.
Asociación para la Ciencia en el Tratamiento del Autismo (ASAT)
La ASAT clasifica la secretina como tratamiento no útil para el TEA, citando la revisión Cochrane. Se considera un enfoque no basado en evidencia, entre opciones cuestionables.
Consulta a un médico
La FDA aprueba la secretina solo para problemas gastrointestinales pancreáticos, no para autismo; su uso es "off-label" y no regulado para TEA. Prioriza tratamientos probados: discute opciones biomédicas con especialistas y opta por intervenciones conductuales basadas en evidencia, evitando experimentales.