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¿Cómo actúan el azúcar y las grasas en el cerebro? La ciencia de la adicción alimentaria

Según una nota de prensa de la OMS de octubre de 2016, la prevalencia mundial de la obesidad se ha más que duplicado entre 1980 y 2014, afectando al 11% de los hombres y al 15% de las mujeres (más de 600 millones de adultos).

Esta cifra no solo preocupa por el exceso de líquidos y grasas en el cuerpo; además, la obesidad se asocia con adicciones y trastornos mentales.

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Un cerebro programado para las grasas

Realicemos un experimento: imagina vívidamente estos alimentos:

  • Donuts de chocolate.
  • Bollos de crema.
  • Pizza de jamón y queso.
  • Hamburguesa con salsa abundante.
  • Refresco con hielo.
  • Batido de chocolate con nata montada.

¿Se te hace la boca agua? Ese sabor intenso, dulce o salado, es normal. Estudios confirman que, por genética, preferimos grasas y azúcares. Esta preferencia fue una ventaja evolutiva para acumular reservas en tiempos de escasez.

De la ventaja evolutiva al exceso moderno

El placer al consumirlos no es casual: sus aromas, texturas y sabores señalan su presencia calórica. Hoy, sin embargo, el consumo excesivo de azúcares y grasas, combinado con el sedentarismo, daña la salud, favoreciendo diabetes, hipertensión, hipercolesterolemia y obesidad.

Si es tan perjudicial, ¿por qué persiste? La clave está en el cerebro.

El circuito de recompensa cerebral

También llamado circuito hedónico o del placer, regula motivación y sensaciones placenteras. Incluye:

  • Área tegmental ventral: Centro clave, libera dopamina y se conecta con múltiples regiones cerebrales.
  • Núcleo accumbens: Eleva los niveles de dopamina.
  • Córtex prefrontal: Gestiona planificación, decisiones, personalidad y comportamiento social.
  • Hipófisis: Libera beta-endorfinas y oxitocina, que alivian dolor y regulan emociones positivas.

Activadores incluyen amor, tabaco, drogas y, especialmente, grasas y azúcares.

La base psicológica de la obesidad

Al ingerir alimentos ricos en azúcar o grasa, se liberan dopamina y oxitocina, generando placer, bienestar y refuerzo positivo. Tras donuts imaginados, sentimos placer hedónico, incentivando repetición.

Sin embargo, estos neurotransmisores tienen vida corta; su declive trae ansiedad o tristeza, reiniciando el ciclo.

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De la recompensa a la dependencia

Con el tiempo, dopamina y oxitocina actúan menos y más breve. Para mantener el placer, se necesita más cantidad o frecuencia, generando adicción.

Esto explica obesidad, diabetes y trastorno por atracón (DSM-5). La sobreingesta es más común en obesos, especialmente deprimidos o ansiosos.

¿Sirven grasas y azúcares como alivio al estrés? Estudios indican que sí: mitigan temporalmente emociones negativas, pero generan culpa al bajar la dopamina.

¿Podrías reducir azúcares procesados y grasas saturadas? Para ilustrarlo, aquí un documental sobre un mes sin azúcar (subtítulos en español disponibles).