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Tahini: el sustituto lácteo más cremoso, nutritivo y sorprendente

¿Sabías que el hummus debe su textura cremosa y sabor a nuez al tahini? Este ingrediente esencial es mucho más que un secreto culinario.

El tahini se elabora con semillas de sésamo tostadas y molidas, resultando en una pasta rica, aterciopelada y llena de sabor. Es un básico en las cocinas del Medio Oriente, Norte de África y Mediterráneo, ideal para realzar platos dulces y salados con su textura sedosa.

Según Amy Zitelman, directora ejecutiva y cofundadora de Soom Foods, el tahini es un reemplazo perfecto para lácteos como mantequilla, mayonesa o cremas. “Es un sustituto rico en nutrientes para aderezos, sopas, salsas, batidos e incluso macarrones con queso. También funciona en puré de papas y productos horneados”, explica. Prueba su dip de queso vegano para una experiencia inolvidable.

Gracias a su cremosidad y sabor tostado suave, un buen tahini ofrece una sensación lujosa en boca, similar a la mantequilla. Úsalo como la mantequilla de maní: agrégalo a masas de pasteles o brownies, batidos, verduras salteadas (¡como berenjena!), fideos, aderezos César sin lácteos o tazones de arroz negro con bayas y menta.

Para alérgicos a lácteos o nueces, prepara “leche” de tahini con 1/4 a 1/3 taza de tahini y 3-4 tazas de agua. Es ideal para lattes o capuchinos como alternativa a la leche vegetal o animal.

La experta en nutrición Adina Fradkin, RD, destaca que el tahini es vegetal, sin colesterol, con alto contenido proteico frente a leche, crema o mantequilla. Aporta fibra, hierro (ausentes en lácteos) y cero azúcares, versus 12 g de lactosa por taza de leche.

“Aunque tiene más grasa, son principalmente monoinsaturadas y poliinsaturadas saludables, a diferencia de la saturada en leche entera, ligada a riesgos cardíacos”, afirma Fradkin. Además, es rico en calcio, magnesio y fósforo.