El queso es un alimento exquisito con una vida útil limitada si no se almacena bien. Como expertos en conservación de productos lácteos, compartimos técnicas probadas para mantenerlo fresco y sabroso por más tiempo. Si has comprado demasiado queso y temes que se eche a perder, sigue estos consejos prácticos y basados en recomendaciones de profesionales gastronómicos.
Pasos a seguir:
Los quesos frescos enmohecen rápido, por lo que guárdalos en una fiambrera con tapa. Coloca 4 capas de papel absorbente en el fondo para absorber la humedad y cámbialo diariamente y evitar olores.
Para quesos blandos en envase original, como el Camembert, mantén la caja. Cubre la parte cortada con film transparente, cierra la caja y refrigéralo.
Quesos blandos sin envase hermético, como Roquefort o Cabrales, usa una bandeja de porexpan. Coloca el queso individualmente, cúbrelo con film transparente e introdúcelo en un tupper para evitar que su olor fuerte impregne la nevera.
Los quesos duros o semiduros, como los manchegos (tiernos, curados o semicurados), envuelve solo la parte cortada en film transparente para que respire. Guárdalos en la zona más baja de la nevera o en un cajón, lejos del congelador.
Los quesos blandos necesitan 3º a 7ºC, mientras que los duros requieren 7º a 12ºC. Por eso, sitúa estos últimos en la parte baja de la nevera, donde hace más calor.
Otra opción para quesos curados y semicurados: sumérgelos en aceite de oliva virgen en un recipiente, añadiendo opcionalmente hierbas como tomillo, laurel o romero.
Saca los quesos de la nevera 1 hora antes de consumirlos para que recuperen su textura y aroma óptimos a temperatura ambiente. Si hay moho o endurecimiento superficial en la parte cortada, retíralo; el resto estará perfecto.
Las queseras son ideales para cualquier queso, pero si no puedes invertir en una, estos métodos funcionan excelentemente. Siempre respeta la fecha de caducidad.